sábado, 3 de septiembre de 2011

FORMANDO A LOS HIJOS

Tienes un hijo, te dieron un hijo para que lo formaras. ¿Qué estás haciendo con él? Es pequeñito, tomate un momento del día y obsérvalo. ¿Recuerdas como sonreía cuado tenía un año? Tan linda su sonrisa, ¿aún sonríe igual? Tiene ocho años, ¿tienes idea de por que tiene tan
marcada en el ceño esa línea tan profunda? Puede ser que a sus escasos años no ha tenido respuesta cuando te pide amor y se está secando su alma y su risa. ¿Podrás darle amor de nuevo? Es obligado responder que si, a ti que tanto te gustan las plantas y las riegas en la medida adecuada para que no se seque ni se ahogue, tómate el mismo tiempo para darle a tu hijo amor. No importa cuan seca estés tu, que tanto rencor lleves dentro, que tanta amargura, tu hijo no tiene por que ser el receptor indefenso de esa venganza que quieres tener contra el mundo. No todo es rigor, también debe haber entre ustedes risa; juega, diviértete, platica con él, así también se educa.
Deja de ser el gendarme todo el día gritando órdenes y esperando obediencia. DISFRUTALOS y detente a pensar: te dieron esos hijos para hacerlos crecer y florecer. De una tierna plantita verde, debes lograr una preciosa flor, que se abra fuerte, atractiva, brillante, perfumada; igual con los hijos, un hijo fuerte, seguro de si mismo; respetuoso, preguntón y estudioso; amable y seguro, sereno y seguro, amistoso, dedicado y seguro. ¿Seguro de qué?
Seguro de ser amado primero que nada, seguro de sus metas y deseos y de la fuerza y perseverancia que puede aplicar para lograrlas.
Ya tiene ocho años, ¿no será tarde para empezar? Porque a criar bien un hijo, se empieza cuando llegan por primera vez a casa. Desde ahí inicia la labor de llevar a tu hijo por el mejor camino que puedes imaginar

No puedes ser ni siquiera la última persona en el mundo que siembre dudas en él acerca de sus capacidades, de sus posibilidades; si tienes dudas y temores no se los transmitas, hazlo conciente de su valor, de que puede lógralo todo aplicando su inteligencia, su intención, su perseverancia. Tu palabra es el mejor elemento con el que cuentas, porque puedes crear con ella una fortaleza, o un lugar minado para que el camine.
De ahí el valor de la palabra, porque construye y porque destruye, por eso la importancia de elegir bien lo que decimos, filtrando cada palabra que va dirigida a un niño.
Bonita labor tenemos lo adultos, administrar nuestras palabras para fortalecer, para construir a nuestros descendientes mejores que nosotros por haber sido criados por esa generación de padres que se hacen concientes de su labor, la de PADRES, evitando hacer todo el daño que tu recuerdes que pudieron hacerte a ti. Para eso sirve recordar, para no repetir los errores y no para cobrar venganza en pequeños inocentes; para saber como nos formaron y que no queremos que nuestros amados hijos sientan y sufran como nosotros, pero tampoco es cosa de dejarlos sin orientación como si ya hubieran nacido sabiéndolo todo. Tus hijos serán tu fruto y tu responsabilidad, recordemos y pensemos.

2 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Blanca, no debemos olvidar que son hijos, vale, pero no son clónicos y llegada una edad, no siempre vuelan como hubiéramos querido.

Los padres también cometeos errores
¿ No te parece?

Un abrazo

Blanca dijo...

Sip, tienes razón. Gracias por venir, Aqui.