Día de lluvia en casa, aquel enorme caserón que paralelo a una calle tenía....siete habitaciones, por la calle en esquina otras cuatro, mas un espacio de 30 metros mas, sin construir, el patio, que cerraba todo el rectángulo. A lo largo de las habitaciones, un espacioso corredor, en ella se ubicaban mecedoras en áreas de reposo, espacios dedicados a comedor,otras a almacén de mil y un cacharro y producto que se vendía en el abarrote de la familia.Al terminar ese gran corredor, estaban unas cocinas, piletas y lavaderos, cuartitos de almacén también.
Allá al final del corredor, caía el agua de lluvia por las canalejas; en realidad, a lo largo de la misma, había varios chorros de agua, donde nos bañabamos mis hermanos y yo con esa siempre helada agua de lluvia.
Llovía por las tardes, y entonces le llamábamos simplemente LLUVIA, no andabamos diferenciando entre tormenta o depresión tropical; huracán,ciclón, no, nadie le ponía nombre, solo era la bendita lluvia que le hacía falta al campo, al río y a los pozos de agua, igual que ahora, pero antes todos lo sabíamos y agradecíamos que llegara el tiempo de lluvia.
Llovia por la tarde, y cuando había valor o pocos rayos, nos bañabamos allá en el corredor, persiguiendonos de chorro a chorro todo el tiempo que duraba el aguacero.
Nos resbalábamos de panza por el piso inclinado de cemento que allá al extremo se mojaba, aprovechábamos para bañar las muñecas, jugar y jugar. Hasta que nos daba frío y mamá nos llamaba a merendar. Crepas, esa era la especialidad de las tardes de lluvia. Crepas dulces, untadas de mermelada, o crepas saladas, para acompañar un plato de frijoles caldudos.Fué entonces, claro, que me enseñé a hacer ese platillo que prefiero desde entonces,las crepas, cual debe, delgaditas y comerlas calientes, en las variedades que hacía mamá.
Hermosos días de niñéz, de familia, de convivencia. ¿ Te acuerdas? Momentos de libertad y gozo.
sábado, 24 de julio de 2010
miércoles, 21 de julio de 2010
ATREVETE A DECIR NO.
En ocasiones ya he hablado de esto, de la capacidad de decir “no”. Cada uno tiene su historia, en la que está incluida la educación que le tocó tener de niños. En algunos tiempos, los hijos eran educados a obedecer.
Obedecer implicaba decir que si a todo lo ordenado, sugerido, propuesto, pedido por un adulto, familiar o no. El menor debía obedecer siempre, y esto dio pie a muchos abusos y sometimientos. Abusos de diferente especie, porque se pedía en exceso cargar con obligaciones que no les correspondían, hacer cosas deshonestas, deshonrosas y estar amarrados para poder defenderse de palabra o con hechos.
Y resulta que crecía aquella mujer, sobre todo las mujeres y nunca era capaz de decir ‘no’, porque estaba condicionada a obedecer. Y así, aceptaba con disgusto cualquier, cualquier situación estuviera o no de acuerdo con ella, ya no pongamos ejemplos.
Quizá tu lo estés viviendo, y es el momento oportuno de que sepas que es tu derecho DECIR QUE NO, cuando esta sea la respuesta que tu quieres dar.
Basta de ser dóciles como sinónimo de mujeres, basta de ser sometidas por falta de valor para expresarse, basta de pensar primero en otros a costa de nosotras mismas, al fin y al cabo, recibir un no, no es un sacrificio para el que lo escucha, no estás sacrificando a nadie.
No es fácil llevar adelante nuestras decisiones, tenemos que hacer respetar nuestros NO, ser firmes al decirlo y perseverar en ello, decir no puede cambiar tu vida, igual que lo haría un si, desde luego, pero es necesario manifestar tu decisión.
Cuanta burla hacen los hombres al No de una mujer, hasta dicen, que el no de una mujer quiere decir que si, lo escuchamos, lo leemos, se platica, es decir no se respeta.
Respeto a la mujer y a sus decisiones, no someterla a presión para lograr que cambie de parecer, presiones de fuerza, seducción, chantaje, burla, cualquier medio se usa para trocar los no en si, abusando de la inseguridad de la fragilidad; haciendo alarde de artimañas para anular voluntades.
Muchas mujeres hay ya despiertas, valientes, decididas, que saben lo que quieren y lo defienden. Felicidades. Pero para ti, que aún ocupas fortalecerte, pues ánimo y adelante, practica tu voluntad, y decide ser firme ante los retos. Se rotunda al hacer oír tu voz, bien clara y segura, NO, cuando esa es tu decisión.
A veces son decisiones tan sencillas, pero siempre condicionando a la mujer a aceptar la voluntad de otros sobre la propia, condicionando, fíjate en la palabra, haciendo del si una palabra automática a cualquier petición, una forma automática de responder que anula hasta el pensar. Mejor, pensemos, y digamos y hagamos en consecuencia.
Obedecer implicaba decir que si a todo lo ordenado, sugerido, propuesto, pedido por un adulto, familiar o no. El menor debía obedecer siempre, y esto dio pie a muchos abusos y sometimientos. Abusos de diferente especie, porque se pedía en exceso cargar con obligaciones que no les correspondían, hacer cosas deshonestas, deshonrosas y estar amarrados para poder defenderse de palabra o con hechos.
Y resulta que crecía aquella mujer, sobre todo las mujeres y nunca era capaz de decir ‘no’, porque estaba condicionada a obedecer. Y así, aceptaba con disgusto cualquier, cualquier situación estuviera o no de acuerdo con ella, ya no pongamos ejemplos.
Quizá tu lo estés viviendo, y es el momento oportuno de que sepas que es tu derecho DECIR QUE NO, cuando esta sea la respuesta que tu quieres dar.
Basta de ser dóciles como sinónimo de mujeres, basta de ser sometidas por falta de valor para expresarse, basta de pensar primero en otros a costa de nosotras mismas, al fin y al cabo, recibir un no, no es un sacrificio para el que lo escucha, no estás sacrificando a nadie.
No es fácil llevar adelante nuestras decisiones, tenemos que hacer respetar nuestros NO, ser firmes al decirlo y perseverar en ello, decir no puede cambiar tu vida, igual que lo haría un si, desde luego, pero es necesario manifestar tu decisión.
Cuanta burla hacen los hombres al No de una mujer, hasta dicen, que el no de una mujer quiere decir que si, lo escuchamos, lo leemos, se platica, es decir no se respeta.
Respeto a la mujer y a sus decisiones, no someterla a presión para lograr que cambie de parecer, presiones de fuerza, seducción, chantaje, burla, cualquier medio se usa para trocar los no en si, abusando de la inseguridad de la fragilidad; haciendo alarde de artimañas para anular voluntades.
Muchas mujeres hay ya despiertas, valientes, decididas, que saben lo que quieren y lo defienden. Felicidades. Pero para ti, que aún ocupas fortalecerte, pues ánimo y adelante, practica tu voluntad, y decide ser firme ante los retos. Se rotunda al hacer oír tu voz, bien clara y segura, NO, cuando esa es tu decisión.
A veces son decisiones tan sencillas, pero siempre condicionando a la mujer a aceptar la voluntad de otros sobre la propia, condicionando, fíjate en la palabra, haciendo del si una palabra automática a cualquier petición, una forma automática de responder que anula hasta el pensar. Mejor, pensemos, y digamos y hagamos en consecuencia.
martes, 13 de julio de 2010
HISPANIDAD, LATINOAMERICANISMO? MALINCHISMO DE EXPORTACION, ENVASADO DE ORIGEN.
UN EXTRACTO DE LAS CRONICAS DE UN INDOCUMENTADO, DE MI AMIGO JUAN GASPAR.
Yo creo que ya venimos algo inmunizados ante los politicos de pacotilla que frecuentemente se miran en estas tierras del Tio Sam... Ya no se trata de la afrenta historica que desde la primaria conocimos, respecto de la tranza del extenso territorio, por parte de los gringos, ante el Innombrable Lopez de Santaanna. Mexicanos de esa ralea, aun siguen naciendo y creciendo desafortunadamente, sera tal vez por eso que a la gente pobre, en Mexico y en EEUU, se le mira como especie en extincion, a pesar de que somos una gigantesca mayoria... Vivo en el Este de Los Angeles, predominantemente habitado por Inmigrantes mexicanos, lo unico que parece unir a este tipo de comunidades, ademas de los valores tradicionales vueltos costumbres domingueras, es una subcultura de la cual a veces nos sentimos orgullosos, pero que esta muy lejos de ser un ejemplo de unidad y progreso etnico-comunitario y familiar...
Muchos venimos sin saber mas que un modesto oficio, o tal vez sin conocer nada acerca de la chamba y en base a nuestra capacidad de adaptacion, aunado al empuje de algun familiar o compadrito, nos llegamos a acomodar en algun "jale", del cual luego tomaremos la batuta como cumolidos encargados o implacables capataces... Aunque es loable y ejemplar la forma en que los latinos se abren camino en estos feroces mercados laborales, yo creo que en estos ultimos a@os, aca se han venido a trasplantar las semillas de esa cultura tan da@ina que tiene a nuestro Mexico en una encrucujada...
Esto no es por asomo un ensayo con tendencias al analisis sociologico... muchas escenas ya descritas por Paz, en "El laberinto de la soledad", aun se ven de manera patetica en el Este de Los Angeles... Los vicios individuales que, de por si todos traemos, aunque aun nos autoenga@emos con el Slogan "Lo hecho en Mexico, esta bien hecho", ya no necesitamos que el Chicano nos ign ore o nos desprecie... entre los mexicanos nos rechazamos de manera aveces tan burda y a veces de manera tan sutil... Por algo aquel cuento de los cangrejos adentro de la cubeta, verdad ???
El malinchismo y el ultraje politico, la corrupcion y el compadrazgo, tambien se convirtieron en articulos de exportacion y miren que, por eso en esta gran Nacion, somos los latinoamericanos, pero especificamente los mexicanos, somos una mayoritaria minoria... Somos millones, pero a veces parece que no somos nada... Individualmente nos llenamos la boca y nuestro ronco pecho para decir: Soy mexicano !!!, pero al final de cuentas nos refugiamos en nuestros apartados nichos, quedando ante la poblacion estadunidense, como una raza bastante desunida... Ohhh, maldicion de malinche, enfermedad del presente, cuando haras libre a mi tierra, cuando haras libre a mi gente !!!
Yo creo que ya venimos algo inmunizados ante los politicos de pacotilla que frecuentemente se miran en estas tierras del Tio Sam... Ya no se trata de la afrenta historica que desde la primaria conocimos, respecto de la tranza del extenso territorio, por parte de los gringos, ante el Innombrable Lopez de Santaanna. Mexicanos de esa ralea, aun siguen naciendo y creciendo desafortunadamente, sera tal vez por eso que a la gente pobre, en Mexico y en EEUU, se le mira como especie en extincion, a pesar de que somos una gigantesca mayoria... Vivo en el Este de Los Angeles, predominantemente habitado por Inmigrantes mexicanos, lo unico que parece unir a este tipo de comunidades, ademas de los valores tradicionales vueltos costumbres domingueras, es una subcultura de la cual a veces nos sentimos orgullosos, pero que esta muy lejos de ser un ejemplo de unidad y progreso etnico-comunitario y familiar...
Muchos venimos sin saber mas que un modesto oficio, o tal vez sin conocer nada acerca de la chamba y en base a nuestra capacidad de adaptacion, aunado al empuje de algun familiar o compadrito, nos llegamos a acomodar en algun "jale", del cual luego tomaremos la batuta como cumolidos encargados o implacables capataces... Aunque es loable y ejemplar la forma en que los latinos se abren camino en estos feroces mercados laborales, yo creo que en estos ultimos a@os, aca se han venido a trasplantar las semillas de esa cultura tan da@ina que tiene a nuestro Mexico en una encrucujada...
Esto no es por asomo un ensayo con tendencias al analisis sociologico... muchas escenas ya descritas por Paz, en "El laberinto de la soledad", aun se ven de manera patetica en el Este de Los Angeles... Los vicios individuales que, de por si todos traemos, aunque aun nos autoenga@emos con el Slogan "Lo hecho en Mexico, esta bien hecho", ya no necesitamos que el Chicano nos ign ore o nos desprecie... entre los mexicanos nos rechazamos de manera aveces tan burda y a veces de manera tan sutil... Por algo aquel cuento de los cangrejos adentro de la cubeta, verdad ???
El malinchismo y el ultraje politico, la corrupcion y el compadrazgo, tambien se convirtieron en articulos de exportacion y miren que, por eso en esta gran Nacion, somos los latinoamericanos, pero especificamente los mexicanos, somos una mayoritaria minoria... Somos millones, pero a veces parece que no somos nada... Individualmente nos llenamos la boca y nuestro ronco pecho para decir: Soy mexicano !!!, pero al final de cuentas nos refugiamos en nuestros apartados nichos, quedando ante la poblacion estadunidense, como una raza bastante desunida... Ohhh, maldicion de malinche, enfermedad del presente, cuando haras libre a mi tierra, cuando haras libre a mi gente !!!
lunes, 12 de julio de 2010
Primero de ANTES -- AHORA
ALGO DE LA ALIMENTACIÓN EN CASA.
Antes, ahora, antes, ahora
Primero antes: antes, los animales para la comida se criaban en casa.
Cerdos, gallinas, patos, eso en casas medianas, porque en las que tenían corrales y campo, pues criaban vacas. Pues de ahí, se tendria, leche, huevos, carne,chorizo,quesos, crema, mantequilla, cueros para sillas, abono para las plantas, plumas para las almohadas, no recuerdo que mas.
Pero, había que criar a los animales desde pequeños, dedicarnos a darles alimento, limpiarlos, limpiarles su espacio, tenerlos sanos, cuidar su fecundación y partos, recoger sus productos, huevos y leche, diariamente.
La carne, pues si, la carne se obtenía ( y se obtiene) con el sacrificio o muerte, del animal, asi que nada de tomarle cariño a la gallina polita o la vaca rosita. Eran animales para comer, no compañías para tomarles cariño.
Alguien de la familia, uno de aquella enorme familia de hasta quince miembros, contando a los papás, pero sin contar abuelos algunos yernos, nueras y nietos, que vivían juntos; alguno de ellos se encargaba de la matanza.
De las vacas, eran trabajos mayores y no los conozco, ni de cerdos tampoco se encargaba nadie en mi casa. Cuando mamá tenía un cerdo de buen tamaño para comer, casi siempre lo vendía, así que no me tocó ahí,solo en casa del abuelo, saber que se mataría al cerdo.
Para eso, venía el "matancero" y se encargaba de todo.
Quedaban las gallinas, alimento de los domingo cuando se criaban en casa y de eso se encargaba mamá. Afilaba su cuchillo, correteaba a la gallina por todo el patio, y plumas mas o plumas menos que perdía en el intento la gallina, la cogian.
Puesta a hervir agua, bien caliente; mientras, en algún sitio, mamá apretaba a la gallina en sus brazos, cogía con una mano su cabeza y con el cuchillo en la otra, cuaz, le cortaba el cuello.
La sangre manaba, la gallina pataleaba, ya no hacía ruido y se quedaba quieta; entonces, mamá la metía a la cubeta de agua caliente, la sacaba y le arrancaba todas las plumas, las grandes, las chicas.
Una vez lavada la gallina sin plumas, se le abría, y se quitaban el montón de tripas con que vienen equipadas.
Ya podía cocinarse.
Había otros métodos, uno que le ví a un vecino; cogía a la gallina de la cabeza y le daba vueltas.
El cuello se arrancaba.
La gallina sin cuello ( ni cabeza) salía brincando, brincando, y por allá, iba y se detenia. Creo que yo oía gritar la gallina, pero, no, la gallina ya no tenía cabeza, ni pico.
Entre el horror, no sabía uno ni lo que veía ni lo que oía.
Demos le gracias a Dios, a que nunca vi , como mataban ni vacas ni cerdos, si no , aqui estaría describiendoselos.
AHORA.- Ahora, vas al supermercado, a la super tienda, y te traes dos platitos forraditos en plástico transparente, con cuatro,cinco hermosas piernas de pollo, o dos chuletas, o un....lo que sea. Ni huelen, ni viste al animal vivo, ni lo tuviste que matar.
Si antes, que alguien en casa mataba el animal para la comida de la familia, no se nos quitó lo carnívoro, ¿ se nos quitará ahora?
Antes, ahora, antes, ahora
Primero antes: antes, los animales para la comida se criaban en casa.
Cerdos, gallinas, patos, eso en casas medianas, porque en las que tenían corrales y campo, pues criaban vacas. Pues de ahí, se tendria, leche, huevos, carne,chorizo,quesos, crema, mantequilla, cueros para sillas, abono para las plantas, plumas para las almohadas, no recuerdo que mas.
Pero, había que criar a los animales desde pequeños, dedicarnos a darles alimento, limpiarlos, limpiarles su espacio, tenerlos sanos, cuidar su fecundación y partos, recoger sus productos, huevos y leche, diariamente.
La carne, pues si, la carne se obtenía ( y se obtiene) con el sacrificio o muerte, del animal, asi que nada de tomarle cariño a la gallina polita o la vaca rosita. Eran animales para comer, no compañías para tomarles cariño.
Alguien de la familia, uno de aquella enorme familia de hasta quince miembros, contando a los papás, pero sin contar abuelos algunos yernos, nueras y nietos, que vivían juntos; alguno de ellos se encargaba de la matanza.
De las vacas, eran trabajos mayores y no los conozco, ni de cerdos tampoco se encargaba nadie en mi casa. Cuando mamá tenía un cerdo de buen tamaño para comer, casi siempre lo vendía, así que no me tocó ahí,solo en casa del abuelo, saber que se mataría al cerdo.
Para eso, venía el "matancero" y se encargaba de todo.
Quedaban las gallinas, alimento de los domingo cuando se criaban en casa y de eso se encargaba mamá. Afilaba su cuchillo, correteaba a la gallina por todo el patio, y plumas mas o plumas menos que perdía en el intento la gallina, la cogian.
Puesta a hervir agua, bien caliente; mientras, en algún sitio, mamá apretaba a la gallina en sus brazos, cogía con una mano su cabeza y con el cuchillo en la otra, cuaz, le cortaba el cuello.
La sangre manaba, la gallina pataleaba, ya no hacía ruido y se quedaba quieta; entonces, mamá la metía a la cubeta de agua caliente, la sacaba y le arrancaba todas las plumas, las grandes, las chicas.
Una vez lavada la gallina sin plumas, se le abría, y se quitaban el montón de tripas con que vienen equipadas.
Ya podía cocinarse.
Había otros métodos, uno que le ví a un vecino; cogía a la gallina de la cabeza y le daba vueltas.
El cuello se arrancaba.
La gallina sin cuello ( ni cabeza) salía brincando, brincando, y por allá, iba y se detenia. Creo que yo oía gritar la gallina, pero, no, la gallina ya no tenía cabeza, ni pico.
Entre el horror, no sabía uno ni lo que veía ni lo que oía.
Demos le gracias a Dios, a que nunca vi , como mataban ni vacas ni cerdos, si no , aqui estaría describiendoselos.
AHORA.- Ahora, vas al supermercado, a la super tienda, y te traes dos platitos forraditos en plástico transparente, con cuatro,cinco hermosas piernas de pollo, o dos chuletas, o un....lo que sea. Ni huelen, ni viste al animal vivo, ni lo tuviste que matar.
Si antes, que alguien en casa mataba el animal para la comida de la familia, no se nos quitó lo carnívoro, ¿ se nos quitará ahora?
sábado, 26 de junio de 2010
PARTIENDO EN LA SIGUIENTE ETAPA.
Llegamos a México, Distrito Federal, la mayor ciudad de éste país. Provincianas, consentidas, siempre en el nido, siempre custodiadas, siempre cuidadas, y ahora, de pronto, pero en realidad no sin previo aviso, nos soltaban ahí, en el medio de la gran ciudad.
Se van este fin de semanas, en un descuido, se llegó la fecha de inicio y hubo muy poco tiempo para prepararse, pensarlo , despedirse.
Apenas fue suficiente el tiempo para las recomendaciones de todo lo que había que hacer, no hacer; de que de quien y como teníamos que cuidarnos, de lo que debíamos hacer allá, en casa del familiar que nos daría hospedaje, mientras estudiábamos.
Recomendaciones de mamá, muchas recomendaciones, mientras terminaba de coser algunas prendas que completarían nuestro ajuar de estudiantes.
Para un acontecimiento tan importante, papá fue con nosotras, madre nos dio su bendición, junto con recomendaciones de último momento y nos fuimos. Larga travesía en autobús, atravesando varios estados; salimos a las tres de la tarde, llegábamos a México a las 8 de la mañana. Se me borran muchas imágenes solo algunas se aferran, o se han marcado por repetitivas, como el mareo, ese mareo que me daba al viajar por esas carreteras tan sinuosas, llenas de curvas y mas curvas, parecían, cada una mas apretada que la otra. Algún día superé esa sensación, después de comprender y calcular que a ese paso, desmejoraría si no lograba controlarlo, pues llegaba con el peor color grisáceo amarillento en la cara, con el estómago falleciendo entre el hambre, el vacío y temblando por el esfuerzo de vómitos y vómitos. Jajaja, mas la vergüenza de haber sufrido mas de un accidente dentro del bus, con lo que llegaba sucia, y algún otro pasajero también.
Llegamos al centro de la ciudad, a casa de ese familiar que nos abría las puertas de su hogar, en uno o dos días iríamos a la escuela, mientras, había que terminar algunos trámites, por lo que acompañamos al tío y a mi padre en esas vueltas a ver al amigo que tenía el contacto mediante el cual, se garantizaba el ingreso a la escuela. Como siempre, había carreras muy solicitadas, en donde se ponían trabas al provinciano para su ingreso, querían que nos fuéramos a estudiar a nuestro estado, pero no todos ellos, contaban con universidades. El trámite se concretó con facilidad, dada la poca solicitud de ingreso a nuestra carrera.
Terminó el fin de semana, por la mañana, temprano, despierta y tapada con las sábanas, no quería bajarme de la cama, escuchaba ya mi hermana y a mi padre, prepararse para salir, yo debía hacerlo también, pero no podía, sabía que ese día, papá volvería a casa, sería el último que pasaría con nosotras, dándonos su protección y guiándonos.
Escondida en las sabanas, lloraba, tenía miedo, quería regresar a casa, con mi padre, no me importaba estudiar, pero era muy obediente y no podría decirlo, ni pedirlo, mas no me atrevía a enfrentar ese importante día. Al ver que no me levanta, papá alzó las sábanas y ya no callé mas mi llanto, me abrazó y hablo conmigo, no se que me dijo, yo solo sentía su presencia y su protección, y pensaba en que me dejaría en una etapa diferente de mi vida, acompañada con una hermana mayor, dentro de la casa de un familiar, pero también, entregadas mis riendas en mis manos, para decidir, pensar, planear, todo, iba ahora por mi cuenta y tenía miedo.
Era la hora, puse los pies en el suelo, e inicie ese camino de tantos hijos, el camino de independencia creciente, el camino que nos aleja a muchos de la casa paterna, el camino de la libertad, de la superación, de la responsabilidad. Ese día, dejé las calcetas en un archivo muerto.
Se van este fin de semanas, en un descuido, se llegó la fecha de inicio y hubo muy poco tiempo para prepararse, pensarlo , despedirse.
Apenas fue suficiente el tiempo para las recomendaciones de todo lo que había que hacer, no hacer; de que de quien y como teníamos que cuidarnos, de lo que debíamos hacer allá, en casa del familiar que nos daría hospedaje, mientras estudiábamos.
Recomendaciones de mamá, muchas recomendaciones, mientras terminaba de coser algunas prendas que completarían nuestro ajuar de estudiantes.
Para un acontecimiento tan importante, papá fue con nosotras, madre nos dio su bendición, junto con recomendaciones de último momento y nos fuimos. Larga travesía en autobús, atravesando varios estados; salimos a las tres de la tarde, llegábamos a México a las 8 de la mañana. Se me borran muchas imágenes solo algunas se aferran, o se han marcado por repetitivas, como el mareo, ese mareo que me daba al viajar por esas carreteras tan sinuosas, llenas de curvas y mas curvas, parecían, cada una mas apretada que la otra. Algún día superé esa sensación, después de comprender y calcular que a ese paso, desmejoraría si no lograba controlarlo, pues llegaba con el peor color grisáceo amarillento en la cara, con el estómago falleciendo entre el hambre, el vacío y temblando por el esfuerzo de vómitos y vómitos. Jajaja, mas la vergüenza de haber sufrido mas de un accidente dentro del bus, con lo que llegaba sucia, y algún otro pasajero también.
Llegamos al centro de la ciudad, a casa de ese familiar que nos abría las puertas de su hogar, en uno o dos días iríamos a la escuela, mientras, había que terminar algunos trámites, por lo que acompañamos al tío y a mi padre en esas vueltas a ver al amigo que tenía el contacto mediante el cual, se garantizaba el ingreso a la escuela. Como siempre, había carreras muy solicitadas, en donde se ponían trabas al provinciano para su ingreso, querían que nos fuéramos a estudiar a nuestro estado, pero no todos ellos, contaban con universidades. El trámite se concretó con facilidad, dada la poca solicitud de ingreso a nuestra carrera.
Terminó el fin de semana, por la mañana, temprano, despierta y tapada con las sábanas, no quería bajarme de la cama, escuchaba ya mi hermana y a mi padre, prepararse para salir, yo debía hacerlo también, pero no podía, sabía que ese día, papá volvería a casa, sería el último que pasaría con nosotras, dándonos su protección y guiándonos.
Escondida en las sabanas, lloraba, tenía miedo, quería regresar a casa, con mi padre, no me importaba estudiar, pero era muy obediente y no podría decirlo, ni pedirlo, mas no me atrevía a enfrentar ese importante día. Al ver que no me levanta, papá alzó las sábanas y ya no callé mas mi llanto, me abrazó y hablo conmigo, no se que me dijo, yo solo sentía su presencia y su protección, y pensaba en que me dejaría en una etapa diferente de mi vida, acompañada con una hermana mayor, dentro de la casa de un familiar, pero también, entregadas mis riendas en mis manos, para decidir, pensar, planear, todo, iba ahora por mi cuenta y tenía miedo.
Era la hora, puse los pies en el suelo, e inicie ese camino de tantos hijos, el camino de independencia creciente, el camino que nos aleja a muchos de la casa paterna, el camino de la libertad, de la superación, de la responsabilidad. Ese día, dejé las calcetas en un archivo muerto.
miércoles, 16 de junio de 2010
LA LLUVIA EN EL CAMPO, Relato


Fue un viaje maravilloso, no se como llegamos allá, pero en ese tiempo, andábamos viajando en bola, en una camionetita de el tío político, esposo de la mas querida tía. Era una camioneta pequeña, vieja, que siempre nos dejaba a medio camino porque se ponchaba, le tronaba una llanta y mi tío jamás traía refacción. Recuerdo esto de los viajes a la playa, y lo curioso es que siempre pasaba un amigo, el señor de la tintorería, que le prestaba una llanta para llegar al pueblo de nuevo. Que chistoso.
En esta ocasión el viaje no fue al mar; fuimos al ranchito del tío, a la orilla de un pueblo, mejor dicho, al sitio frente a sus tierras, donde tenían unas construcciones que servían, una de cocina, otra de recámara, pero no unidas entre sí, situadas varios metros la una de la otra. Por ahí cerca, había algunos corrales donde reunían sus vacas.
Las casitas, de paredes enjarradas con lodo, ¿ las han visto? Y techo de paja de dos aguas.
Desde ése sitio, fuimos a cortar nanchis, la aceituna mexicana, que se da en arbustos, así, la frutita verde se corta para curtirla en vinagre, y ponerla en las comidas, o comerla como aceituna. Cuando están maduras, caen al suelo, amarillas, y se usan para bebidas, machacándolas y mezclándolas con agua y azúcar.
No es poca cosa, andar cortando o juntando nanchis, sobre todo por el zancudero, jajaja, te pican los mosquitos a mas no poder, aún así, hay personas que se dedican a juntarlas y venderlas por cantidades grandes.
En la tarde, supondré que inmediatamente después de que entramos a la cocina a comer, porque recuerdo que en el fogón, colocado por ahí en el centro de la cocina de piso de barro, mi tia nos hizo tortillas que comimos como “burritos”, es decir, la tortilla, sacada directamente del comal, se moja en agua con sal, y se aprieta con fuerza, lo suficiente para que parezca masa de nuevo, pero ésta ya está cocida.
Después de comernos algunos burritos, supimos que llovería, corría aire muy fresco, se olía la lluvia en el aire, se oían los truenos acercándose. No les dije, que las casitas, estaban situadas en un sitio alto, porque abajo, a metros abajo, empezaba el campo, no se si fuera una formación natural, o hayan emparejado esa zona alta en un pequeño cerro, pero en aquel tiempo, de pocas maquinas y solo uno o dos tractores en todo un pueblo, lo mas seguro es que fuera una planicie natural.
Lloviznaba, y mi madre quiso salir a bañarse en la lluvia. Tenía tantos años ya lejos de estos sitios donde llovía, que estaba feliz de que le tocara el aguacero. La acompañé, allá afuera, al viento, la lluvia y los rayos.
Nos paramos al borde de la planicie, allá abajo se extendía el campo, los sembradíos, la zona de nanchis; y la cortina de lluvia. Se veía venir hacia nosotros, una enorme cortina de lluvia, cual muralla, avanzaba empapando el valle. Si, hermoso, pero temible, porque también, huyendo de ella, vinieron las vacas, y cerca de nosotros, se encaminaban a sus corrales, la mayoría permanecieron abajo, solo un toro llegó hasta unos metros de nosotros, nos acompañó a ver el panorama ahí, mugiendo una que otra vez.
Yo moría de miedo, a los animales, a los rayos, ¿ sabes que dicen que las reses atraen los rayos hacia sus cuernos? De hecho, mueren por esta causa, de vez en cuando, y yo le tenía tanto pavor a los rayos como a las reses. Estaba yo, cosida a la falda de mamá, que estaba feliz mojándose, yo no, yo estaba cumpliendo con mi inexplicable labor, de cuidarla.
La cortina de lluvia, llegó, nos empapó y se fue, volvimos a la casita, donde se habían quedado todos, menos las locas de mi madre y yo. Fue divertido, todos, tenían las caras tiznadas de hollín, ja ja ja ja, la lluvia y el viento zarandearon de tal modo la paja del techo lleno del hollín que exhalaban las hornillas, que terminó por escurrirles encima, y salieron como nuestros negros postizos de las fiestas de Semana Santa, cubiertos de pies a cabeza. Fue un día de emociones, desde luego.
martes, 15 de junio de 2010
EL RIO.-
El río, no recuerdo cuando lo conocí, pero ahí estaba, a tres calles de la casa, veo este cielo azul, el viento fresco, y recuerdo cuando nos bañábamos en el.
Es un río de América, joven y, cercano a la costa, sin cajón, cauce definido; corre por casi una llanura. O será que los antepasados de éste pueblo eligieron ésta zona de llano para establecerse, porque recuerdo que corriendo el río mas hacia el sur, lo hace entre murallones, ah, que son murallones entre los que se tendió un puente. Bueno, el caso es que cuando podíamos escapar de la aprehensión materna, mediante permisos íbamos al río. Quizá las hermanas, quizá nos acompañaban mas amigas, vecinas, o en remoto caso, a lavar al río…… lo que pasa es que esto de lavar en el río, no era propio de casa, no, mi familia siempre fue una familia moderna, así la recuerdo yo, nada de las tradicionales costumbres mexicanas en cuanto a la alimentación y el trabajo de casa. Mamá se ayudaba de electrodomésticos que había a mano, y no nos andaba con cuentos de que una salsa en molcajete o tortillas hechas a mano eran mejores. Para eso se inventó la licuadora y las tortillerías, donde íbamos a comprar por kilos las tortillas, ja.
Así que, desde luego que teníamos lavadora, pero ocurría, más que por que se fuera la luz, porque suspendiesen el agua por mucho tiempo. Entonces mi madre agarraba la ropa sucia y nos íbamos con ella a lavar al río. Mamá lavaba, sentada a la orilla del río, y nosotras jugábamos en el río, frente a ella. En realidad no ayudábamos en nada, acaso a cargar algún balde de y hacia casa. O recogíamos la ropa seca.
No se por que no recuerdo muchas visitas al río.
Ah, recuerdo una, un paseo familiar, nos llevamos una caja térmica, conteniendo tacos, íbamos a comer ‘tacos paseados’, de chorizo, de machaca, de frijoles. Íbamos con los padres esa vez, y nos fuimos a quedar a una playita al otro lado del río. Al cruzarlo, con alguna silla, una pelota, los refrescos, la comida, me pareció más fácil, deslizar la caja de los tacos sobre el agua, para no cargarla. Al llegar a la otra orilla, oh sorpresa, el agua había entrado a la hielera, (así le llamamos, aunque no contuviera hielo, je) y comimos tacos pasados por agua, aaaaggggg. Jajaja, pero yo quería contarles como fue que me enseñe a nadar, será otro día, si no esto se haría ya muy largo. Mejor les describo un poco, al otro lado del río, hay una zona de sauces, toda aquella margen, es campo, tierras de siembra, y sabía yo que había periqueras, unas bolsas grandes que tejían no se como los pericos, para tener sus crías. Al estar allá, se escuchaba la escandalera de los pericos, ojala todavía existan.
Otro día, les cuento mas del río.
Es un río de América, joven y, cercano a la costa, sin cajón, cauce definido; corre por casi una llanura. O será que los antepasados de éste pueblo eligieron ésta zona de llano para establecerse, porque recuerdo que corriendo el río mas hacia el sur, lo hace entre murallones, ah, que son murallones entre los que se tendió un puente. Bueno, el caso es que cuando podíamos escapar de la aprehensión materna, mediante permisos íbamos al río. Quizá las hermanas, quizá nos acompañaban mas amigas, vecinas, o en remoto caso, a lavar al río…… lo que pasa es que esto de lavar en el río, no era propio de casa, no, mi familia siempre fue una familia moderna, así la recuerdo yo, nada de las tradicionales costumbres mexicanas en cuanto a la alimentación y el trabajo de casa. Mamá se ayudaba de electrodomésticos que había a mano, y no nos andaba con cuentos de que una salsa en molcajete o tortillas hechas a mano eran mejores. Para eso se inventó la licuadora y las tortillerías, donde íbamos a comprar por kilos las tortillas, ja.
Así que, desde luego que teníamos lavadora, pero ocurría, más que por que se fuera la luz, porque suspendiesen el agua por mucho tiempo. Entonces mi madre agarraba la ropa sucia y nos íbamos con ella a lavar al río. Mamá lavaba, sentada a la orilla del río, y nosotras jugábamos en el río, frente a ella. En realidad no ayudábamos en nada, acaso a cargar algún balde de y hacia casa. O recogíamos la ropa seca.
No se por que no recuerdo muchas visitas al río.
Ah, recuerdo una, un paseo familiar, nos llevamos una caja térmica, conteniendo tacos, íbamos a comer ‘tacos paseados’, de chorizo, de machaca, de frijoles. Íbamos con los padres esa vez, y nos fuimos a quedar a una playita al otro lado del río. Al cruzarlo, con alguna silla, una pelota, los refrescos, la comida, me pareció más fácil, deslizar la caja de los tacos sobre el agua, para no cargarla. Al llegar a la otra orilla, oh sorpresa, el agua había entrado a la hielera, (así le llamamos, aunque no contuviera hielo, je) y comimos tacos pasados por agua, aaaaggggg. Jajaja, pero yo quería contarles como fue que me enseñe a nadar, será otro día, si no esto se haría ya muy largo. Mejor les describo un poco, al otro lado del río, hay una zona de sauces, toda aquella margen, es campo, tierras de siembra, y sabía yo que había periqueras, unas bolsas grandes que tejían no se como los pericos, para tener sus crías. Al estar allá, se escuchaba la escandalera de los pericos, ojala todavía existan.
Otro día, les cuento mas del río.
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